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hhurryhurry:

Blackbird - The Beatles

(via velvetheaven)

Soy un artista.

Desde niño siempre tuve muy claro que era lo que quería hacer. Tal vez no tan concreto como ahora, pero aunque fuera con canciones de “Menudo” o “Marisela” de los casetes de mi mamá siempre lo supe. Quería cantar. Quería hacer arte.

Mis compañeros de clase se burlaban de mí por cantar en las asambleas o por el simple hecho de cantar el himno nacional y no gritarlo como ellos lo hacían. El ahora conocido “ataque por ser diferente” o “bullying”. En esos tiempos yo no sabía que ese era su nombre, yo solo sabía que a ellos les parecía ridículo lo que hacía. Eso nunca me detuvo o cambió mi forma de pensar. Yo quería cantar.

Crecí y se llegaba la hora de decidir que quería hacer uno en la vida. Yo ya sabía qué era pero al parecer uno debía tomar un exámen para, supuestamente, guiarte a una elección sabia. Tomé el dichoso exámen, aproximadamente 50 preguntas. La mayoría de tu vida cotidiana: ¿Qué te gusta hacer?, Qué prefieres ¿Pintar o arreglar un coche?. Unas muy sencillas y otras muy confusas. Cuando a unos de mis compañeros parecía mostrarles aptitudes que no conocían, a mi me resultó “Artes y Humanidades”. Qué sorpresa ¿eh?.

Mis padres nunca estuvieron de acuerdo en que me dedicara a eso ya que un tío estuvo dentro del medio musical y la pasaba muy mal. Fue entonces cuando les hice frente y les dejé muy en claro que mi tiempo, esfuerzo y pasión irían únicamente al arte y a ninguna carrera más. Lo entendieron empezó mi preparación musical en una academia de Yamaha. Fueron cuatro los años que estuve en esa academia; estudiando batería, guitarra, canto, teclado entre otros. Desarrollandome como un músico, pero fue hasta los 17 años que encontré el TEATRO MUSICAL.

Qué pasión. Que amor. Qué maravilla. Cantar, bailar y actuar al mismo tiempo. La belleza de la música, el ingenio de una historia y la danza en un solo escenario. A eso me he dedicado los últimos tres años de mi vida. Únicamente a eso. A pesar de problemas familiares y económicos, nunca titubeé. A veces debía suspender mis estudios por unos meses para poder trabajar y aligerar la carga a mi madre. Pero salíamos adelante.

No me considero el mejor y no creo alguna vez considerarme el mejor, pero sé que lo que hago, lo sé hacer bien. Muy bien. Sé que tengo un oído muy quisquilloso, soy perfeccionista y muy testarudo. Si a una compañía le das el score de una obra, te puedo asegurar que muy pocos sabrán las armonías y las comprenderán como yo lo sé. Así tan seguro estoy de lo que estoy escribiendo.

¿Y qué me han hecho hoy? Una basura. Después de un mes en el cuál me EXIGEN ser profesional. Me EXIGEN aprenderme melodías y me EXIGEN estar al nivel, me dicen que no tendré micrófono por lo cual todos mis conocimientos, entrenamiento y ensayos que tuve durante un mes, fue TIEMPO PERDIDO.

Ya no hablo ni de ser profesional, ni de cómo se hace en “Broadway”. Solo habló del común respeto que se le tiene al trabajo ajeno y a mi esfuerzo. Es como si yo sabiendo la chinga que se metió la vestuarista, yo voy y desgarro todo en un segundo sin ponerme a pensar en las horas de sueño que perdió la pobre cosiendo todo lo que tenía. Me parece una grandísima falta de respeto.

Mi trabajo es digno, trabajo es trabajo. Y más cuando uno sabe lo que le ha costado llegar a donde está y hacer lo que uno hace. Por eso sé que puedo decir que soy un artista.